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< El Blog Bipolar de Dark Söul >< luöS kraD ed ralopiB golB lE >

< ¿Suicidarme yo? ¡Sobre mi cadáver! Antes muerto que perder la vida. >
July 04

En un risco de la noche azul pasada.

Acude a mí un sonido lejano que viene del mar, que ondea entre las aguas saladas y brinca entre las rocas y se vuelve blanca... y se desvanece con el viento sin dejar rastro alguno; de la espuma de las olas saltan gaviotas que graznan y vuelan hasta perderse en el azul en donde todo es lo mismo, y del mar salen violines que danzan y gritan, dejan caer montañas verdes y de los altos riscos observa un hombre vestido de negro, a la orilla del acantilado, cuyo cabello ondea con el viento y su capa negra forma caprichosas formas de alas; las extiende y da un salto al vacío, en donde nadie envejece y nadie llora, en donde el tiempo no transcurre y la luna llena nunca se vacía..

Una sirena brinca de pronto y un tiburón canta en silencio; los ojos se cierran y las lágrimas vuelven al mar, en donde un coral se sale del agua jugando a la hierba del valle que acabo de dejar atrás; una vorágine de pensamientos y emociones me envuelven y no sé qué decir o qué escribir; de pronto todo se vuelve negro, azul, un remolino de oscuridades y penumbras de las cuales yo soy el dueño y las cuales me poseen; una mujer de rubios cabellos ondulados sale de pronto de la arena y su piel suave, blanca, con bellas curvas, sus suaves labios, sus formas sensuales y su tersura, me abraza y me pide que pare, que me detenga... abro los ojos y uno de mis pies da al vacío y el otro apenas abandona la roca; puedo caminar en el aire y la mujer ondea al viento también como el agua; me sigue, toma mi mano y se va conmigo a planear como gaviota.

Una sonrisa que sale de ningún lado me llama hacia abajo y me pide que ya no vuele, que ponga los pies sobre la tierra, que deje de escapar. Pero el mar me cautiva y me hipnotiza, y sé que, aunque detrás de los acantilados no hay nadie que me escuche gritar, las rocas, la hierba y las criaturas submarinas estarán más que deleitadas si decido dar un último paso hacia las profundidades de mí mismo, en donde unos ojos de gato me observan con ese tono miel que tanto recuerdo, en donde no queda más que una silueta en un patio, de cuclillas, y un destello rojo y una llamada de primera hora me abren de nuevo los ojos, y una visita a mis nombres y mis fechas me recuerdan que hace tiempo, hace tiempo ya, que me estoy muriendo.

Vuelvo a la vida y vuelvo gracias a tí, mi bello recuerdo de gloria y sinuoso camino, en donde las gotas de agua que rozan mis labios me dan la frescura perdida. Sé que las criaturas del estanque están extintas, y que puedo mirar a sus aguas transparentes como el hielo de verano y primavera, y no ver ningún reflejo ni movimiento ni luz ni sombra, porque el estanque es un lienzo en blanco para que dibuje sobre él los escarabajos de agua que yo quiera y los conocedores del mundo volverán a correr dentro de verdes torres, con una espada en cada mano, una princesa en lo alto de la colina y un sueño, quizás, un sueño que perseguir y por el que valga la pena dejar de dormir.





Dark Söul D' Fenrir


July 03

Viajo en Tren - Parte 2 de 2

Abordando el siguiente tren, voy pegado a la ventana, como niño viajando por un lugar nuevo cuyos matices y horizontes tienen algo cautivador, más cautivador que todas las aventuras que cualquier héroe pudiera desear. "Qué aburridos son los héroes", piensa el niño, mientras se dedica a jugar con la palma de la mano, simulando el nuevo vehículo volador que zurca los vientos y los cielos hacia el espacio que nunca ha sido cruzado. ¿El tren? Qué aburrido es el tren, piensa el niño, mientras que sus ojos se pierden detrás de las nubes de media mañana. ¿Quién quiere ir sobre ruedas, si se pueden acariciar las nubes, allá, en lo alto de los cielos? ¡Quién fuera ave, halcón, águila, para sobrevolar las nubes, pasarlas rasguñando con las alas, frotarse el lomo con ellas, cobijarse en su blancura y su pureza, y luego ver abajo y ver que todo sigue igual!
El niño, ahora, abandona la ventana del tren y se dedica a volar, mientras que sus pensamientos rebeldes le dicen: "¡No! Ya no me quedaré callado cuando esté enojado... diré lo que tenga que decir aunque me regañen y aunque después piense distinto, porque aunque piense distinto, puedo volar y puedo ser halcón o gaviota, o águila o colibrí... y puedo tocar las nubes, porque hoy mis manos se convierten en alas". El niño deja de pensar y al darse cuenta, está pegado con la nariz a la ventana, viendo los horizontes, y las praderas y las montañas. Saca la mano de la ventanilla y la extiende contra el viento, acomodándola de modo que ofrezca menos resistencia y se vuelva aerodinámica.
"¿Quién quiere ir en tren, si se pueden acariciar las nubes, allá, en lo alto de los cielos? ¿Halcón, gaviota, águila, colibrí? ¿Quién quiere ser ave, cuando se puede ser nave espacial y salirse del mundo, y atravezar la negrura del espacio, ir más allá de donde el hombre jamás ha llegado, y encima ser el viajero que viva las nuevas aventuras de los nuevos mundos recién descubiertos? ¿Héroe? ¿Quién quiere ser héroe? Los héroes son aburridos...
¡Lo que yo quiero es volar!"
Me despego un poco de la ventana, me reclino contra el asiento y cierro los ojos, y así, sin darme cuenta de nada, abro la ventanilla, salgo por ella ligero como el viento y comienzo a volar.
Y así, volando, me voy hacia las nubes, y más allá, a donde ningún viajero ha llegado nunca.
¡Ya les escribiré una postal desde allá, desde lo lejano de los nuevos mundos aún por descubrir!
Espero que allá existan los timbres postales...



Dark Söul D' Fenrir

Viajo en Tren - Parte 1 de 2

Hoy que me asomé a la ventana ví muchos árboles cafés y naranjas, como simulando discretamente el paso del otoño indeciso, incluso aunque no haya sido dada la señal de avance para la siguiente estación. Y en la siguiente estación he de bajarme, puesto que el viaje ya comenzó hacia lo que no conozco, y dentro de todo, la emoción de lo incierto me envuelve. Me envuelve como una cobija extremadamente cómoda en la cual sería fácil conciliar el sueño. Y sueño con nuevos horizontes, y nuevas voces y nuevos rostros, en donde, libre de los lastres del pasado y de las viejas caras aburridas y los remedos de seres humanos que hay por aquí, y de esos que insisten en proclamar su bajeza para no tener que superar su propia ineptitud humana, pudiese, quizás, exorcisar esos antiguos demonios. ¡Demonios! No estoy seguro de haber traído lo necesario. ¿Qué es lo que he dejado en casa, olvidado? Allá dejé, en un baúl de madera, algunos de los recuerdos de lo malo y hasta de lo bueno, porque algunos, sencillamente, están pasados de moda y porque no puedo construir monumentos a lo añorable, con el riesgo de quedarme estancado en el ayer. Ayer, que abordé este tren, me pregunté realmente, ¿quiero o necesito saber el destino final de mi travesía? No creo, me respondí, totalmente seguro de que, cualquiera que sea el destino, lo digo, como lo he dicho antes: Cuento conmigo. ¿Por qué no? Si puedo dibujar los paisajes a los cuales estoy viajando tan sólo con mover los dedos y cerrar los ojos, o cerrando los ojos y respirando el aire fresco que mi mente imagine, de aquellos lejanos parajes y esas azules montañas lejanas. Lejanos están los días del pesar y el recoveco oscuro en donde se esconden las pasiones desenfrenadas que invitan a perderse en el clamor de la nada, disfrazada hábilmente de destino o boleto de viaje con una tarjeta barata comprada en algún bazar de avenida, tarjetas de felicitaciones y tarjetas de promesas grises con hábiles ardides publicitarios. Qué publicitarios resultan los paisajes nuevos, esos lagos azules, esas nubes azules, esos pastos azules, esas personas azules. Es invierno, después de todo, aunque al asomarme a mi ventana, vea árboles cafés y naranjas, como simulando discretamente el paso del otoño indeciso...

Dark Söul D' Fenrir

El Epitafio del Héroe.

No sé si sea simplemente que las tempestades de esta noche hayan derribado algunos puentes entre los continentes; o si entre la turbia de las palabras dichas en el arrojo de las flechas envenenadas por lo que callan los cielos y la tierra, haya habido más que una fractura, visible a primera vista, pero cuyas grietas rompen en el magma incandescente de los más íntimos interiores de mi mundo (o en cualquier otro). No sé si sea que fracturaste en efecto, los brazos y las piernas de la voluntad, en que la única verdad que se sostiene en pie con los pilares aún indesctructibles de mi poca y castigada fe, y mi deseo de correr a la pradera y lanzarme del más alto de los ricos para abordar la cuna del sol y nunca volver a esta urbe gris se mantiene vivo, siempre vivo, en espera de que las nubes nunca se disipen, porque antes de que te des cuenta, el destino, la vida, el tiempo y la oscuridad me habrán arrancado definitivamente de mí mismo, del mundo, del espacio y de la conciencia, el deseo, las ganas y la voluntad.
Enmedio del nuevo abismo, cuya placenta se alimenta de esta noche, yace un delirio de incomprensión y de sabiduría contemporánea, en la que todo se sabe y todo se tiene por cierto, pero que aún más abajo de las simas de la ignorancia de esa sabiduría, y por sobre las cimas y las cúspides de la ilusión de la normalidad, la cotidianeidad y lo usual, se levanta, agria, feroz e inevitable, la raíz de la destrucción de los últimos vínculos que quedan en mí, los verdaderamente últimos, porque después de haberle dado un vistazo a tu pasado supuestamente oculto a mis ojos, y después de haber probado una cucharada del futuro visto de lejos y en los ojos de una tercera persona, lo cierto es que toda esperanza se agota, y lo cierto es que pocas ganas quedan de seguir siendo humano.
Justicia, lealtad, honor, todas son prescindibles cuando se deja de tener un motivo, un estímulo, una razón para luchar. No, la vida no se agota; ella seguirá alimentándose del vacío que queda en donde quedaban las cosas que valían la pena. Quitando el velo de lo ficticio o lo ilusorio, o sin dejar de lado la verdad en que los caminos se dividen y el calor se disipa, y el frío vuelve a envolverme y a apoderarse de los últimos rincones vírgenes de mi alma, queda sólo el frente yerto, el campo en blanco y negro de un héroe muerto en aras de una vida mejor, y que, en sus largos, afilados y viscosos tentáculos, tomó las huellas y los rastros de hielo, roca y óxido para escribir un epitafio atrasado:


"Los héroes duran hasta que ya no existan las aventuras que requieran de un héroe;
la aventura persiste hasta que ya no existan héroes que recorran la senda del honor;
el honor existe sin importar si hay héroes o aventuras;
el héroe muere aunque exista el honor:
El héroe ha muerto aunque la aventura persista.
¡Adiós, adiós, a los viejos ideales!
Abran paso al nuevo señor de la ignominia,
la desesperanza, la injusticia y el rencor:
hola de nuevo a la noche y a la sangre
que partirán las nuevas pieles y alegarán lugar
en donde antes un cálido lugar y sangre tibia
ahora no más que hielo, hierro, eco y estigma.
Adentrándose en los parajes del odio y la ira,
se fue perdiendo el hombre y su alma;
tanto adentro ha caminado
que ni su huella queda ni su palma.
En los oscuros pilares de las antiguas salas
y en las grandes galerías de la noche y el pasado
los grandes pórticos abiertos están
para el héroe que cae y regresa a la cuna:
la cuna del monstruo,
el cáliz de sangre,
la espada marchita,
la garra afilada,
colmillos cerrados,
el puño apretado,
la sangre vertida,
los ojos cerrados,
los brazos cruzados,
las manos sangrantes,
el hacha de hueso,
el guante de acero,
el pie sobre el heno,
los orbes de fuego,
la voz y su eco,
los labios resecos,
las puertas de piedra,
los puentes eternos,
jardines de hiedras,
semillas de hortigas,
la torre de espinas,
el paso de sombras,
inviernos eternos,
los lagos sin agua,
los mares de fuego,
la ira candente,
las grietas ardientes,
las flechas calcáreas,
abismos oscuros
de fría obsidiana,
recuerdos distantes
de nombres y efigies,
la tierra siniestra,
el lodo maldito,
la cueva en el cuerpo,
el cuervo impío,
la liebre sin piel,
el lobo ascendente,
pasado sin vida
y futuro imposible.
El héroe que ha muerto
y la tumba completa.
¡Adiós, adiós a las viejas odiseas,
adiós, adiós a las ruinas de mi carne!!
los huesos se salen por entre mis uñas
y fluyen en sangre reseca mis ojos.
Bienvenido seas, misterio invencible,
adiós a la tenue y suave caricia,
bienvenido seas, gobierno de muerte,
montaña de hojas caídas de otoño,
ciudades de piedra y calles de agua,
adiós al calor del sol encarnado,
hola, mi invierno, hola de nuevo.
Quédate conmigo, camina a mi lado,
y deja que te cobije mi andar relajado,
que no tengo prisa ni tengo destino.
Un héroe sin gesta es espada sin filo,
y el mundo no quiere un héroe frío,
y el héroe no quiere seguir de pie.
Nada queda de lo que fue él;
sólo la armadura que brilla añorando
el reino distante perdido en el valle.
¿Vivirá el héroe de nuevo sus gestas?
¿Tendrá otra aventura, matará dragones?
Seguro tendrá su aventura sagrada,
y su gesta de oro y hazañas plateadas,
una odisea en cristal y marfil
y un reino olvidado de historias sin fin.
Sin duda será el héroe deseado
de ideales invictos y recta justicia.
Pero ahora no hay héroe ni espada ni reino;
sólo el abismo y el frío invierno.
Yacen los restos del héroe al fin
que dio a su gracia la vuelta de honor
cayendo del cielo con ira y rencor
pues cae el hombre, frío e inerte
¡levántate ahora, señor de la muerte!"

Es quizás la única aventura que quede bajo los mismos soles y vientos y cruzando los valles y vislumbrando las mismas fronteras día a día, en el mismo andar cotidiano de mis desventuras u odiseas, porque no soy el héroe de la leyenda que los cantos clamaron y sólo la inercia me obliga a terminar lo que he comenzado antes de precipitarme en vilo e inevitable hacia el origen de la oscuridad. Porque mil veces se resiste y mil veces se prosigue, pero después de mil veces, ya puedo tomar la decisión tan simple y llana como "basta", o tan pura y cristalina como "ahora soy yo quien decide exterminar al pasado y retomar el camino del sendero desconocido". No sé si sea que se me ha agotado la fuerza o el coraje, o la voluntad, o la razón, o el estímulo, o de pronto levanto las arcas y abro los cofres y no encuentro motivos. Quizás un destello de decepción y rencor nubla mis ojos, o acaso sea que, por fin, después de tantas lunas de sangre e incertidumbre, me haya sido arrancada la venda de los ojos, con tanto tino y acierto, que mis cuencas han quedado vacías, pues mis ojos cuelgan inertes y sangrantes en la venda que me ocultaba todas las verdades y todos los caminos.
Pero ahora con esas mismas cuencas vacías, no me queda ya ni un poco de visión y los caminos son todos iguales; debajo de esta armadura y con este mismo andar, quedan marchitos los restos de una vida que de pronto, como si se viniera esperando, como si nada, como si se hubiera alimentado el vacío debajo de los puentes, se quebraran en mil pedazos y los fragmentos, cristalinos y pulverizados, se vuelven uno con el viento y marchan al unísono hacia la nada y hacia la eternidad, a donde pertenecen.
Finalmente, antes de que sea demasiado tarde, me queda comprender que los caminos que se dividen tienen que dividirse de una vez por todas. Mis manos ya están cansadas, y mis piernas resienten el andar con tantos lastres y tantas visiones de un pasado turbio, y de una red de intrigas y decepciones que me pesan ya demasiado como para soportar una sola más de esas desventuras en mi ya cansada, cargada, rasgada y lacerada memoria, la cual ahora viaja desvencijada y casi virgen en un saco roto y sucio, en espera de recoger por el camino en donde se arrastra, semillas de girasol que descubran, al paso del tiempo, una nueva tierra negra, agua fresca y la luz que me hace falta, para ver si el girasol me puede orientar de nuevo hacia la luz del sol porque, justo ahora, no veo más que abismos en este camino, y ya estoy cansado de ellos.
Seguiré mi sendero a donde quiera que éste me lleve. ¿Qué puede pasar? ¿Peligros? Los encaro, ¿desventuras? me levanto, ¿decepciones? aprendo de ellas. ¿Olvidar? Por mi propio bien, eso espero.
Ante mí, no hay soles ni lunas; sólo la resignación de aceptar la inevitabilidad del destino que yo elija. El destino que yo elija para mí.
Para mí.



"No amar en seco,
con tanto dolor,
es quizás la última verdad
que quede en mi interior,
bajo mi corazón.

No sé si fue
que malgasté mi fe
en amores sin porvenir,
que no me queda ya
ni un grano de sentir."


Dark Söul D' Fenrir




June 11

Injerto intracorpóreo multidimensional de mi percepción extrasensorial.

Injerto intracorpóreo multidimensional de mi percepción extrasensorial.
Margen sencillo, contornos benévolos sin revuelos ni garigoleados. Nada fuera de lo común.
Antes de que abras los ojos, ya habrán alzado el vuelo mis cuervos y tus cisnes. Un balance... un ying-yang...
Gentilmente me remontaré lejos, muy lejos, a alcanzar la cúspide de lo impensable. Desde lo alto veré a los mortales hacer sus vidas.
Invariablemente veré calles y soledades haciendo esquina en el olvido... las mismas esquinas de la rutina pasada y del año inconcluso.
No me encontraré con nada más que con el mismo retrato viejo de la metáfora que,
a pesar de ser la misma, no deja de sorprenderme con su innovativo atrevimiento.

Después de todo, mis rutinas renacen con un simple motivo;
Esperanza.

No así tú, noche de siempre, con tu luna hipócrita, que sigues pensando que todos te sueñan.
O como si no quisieras verlo, luna de agua, luna de miel,
Casi como cualquier luz en nuestras noches, te siguen sin pensarlo, los pobres hambrientos de vida.
He estado esperando, sentado a la sombra de la misma ceiba, a que bajes y entones una balada.
Esperé y esperé, pero en el transcurso de la historia pasé a mejor vida, sólo para darte un consejo, luna de noche:

"Imagina. Imagina sin sol. Imagina sin viento. Imagina sin ruido. Imagina callada, imagina a oscuras.
Imagina, imagina que vives, imagina que sientes, imagina que a las 12, abres los ojos y ríes por nada.
Imagina inconsciente, imagina perdida, imagina rebelde, imagina de nuevo e imaginate a tí.
Imagina sin miedo e imagina sin frío. Imagina tranquila e imagina por mí... "



Dark Söul

Lo que somos.

Los recuerdos, los deseos y lo que hacemos, es lo que somos. Somos tan sólo fragmentos unidos por pequeñas redes, invisibles pero muy presentes, formadas por coherencia, conciencia, demencia y quizás un poco de misterio. Todo envuelto en un celofán invisible, y luego, atado de nuevo por cuerdas de emoción y quién sabe qué tantas tonterías más, que sólo se le ocurren a los poetas, a los inventores de lo inservible, a los diseñadores de embarazos y a los idealistas. En fin; gente sin convicciones, o con exceso de ellas.

Aquí sigo, jugando a ser un descubridor de lo obvio en donde ya no hay cupo para esos papeles ficticios. Llenos de fantasía, simulando ser un excavador experto en terrenos pedregosos, tierra caliza, seca y áspera con sabor a compromiso, sólo para complacer los deseos propios. Sigo jugando a ser un experto en la materia; sigo jugando a que sé lo que digo. Sigo jugando a que sé lo que hago.
Sigo jugando a que sé lo que soy.

Lo que somos no deja de ser sólo nuestro propio recuerdo sepultado bajo toneladas de deseos inconclusos, frustraciones, anhelos y esa pizca amarga, muy amarga, de realidad. No me gusta abrir los párpados ante las verdades obvias, esas que están ahí, bien clavadas al piso, llamando nuestra atención pero que muy torpemente pretendemos ignorar. Hacemos como que no están; son como los trances alucinatorios, nuestras pequeñas paranoias, nuestras exquisitas grietas, los recovecos más oscuros y molestos de nosotros mismos. Los que los demás notan, y que también insistimos en evitar ver. Sin éxito alguno.
Pero aunque haga como que no están, y juegue a ignorarlos, lo sé de cierto y no tiene caso engañarme. No puedo engañarme, porque soy demasiado listo para mí mismo, y sé que puedo brincarme la barda de mis mentiras piadosas para caer del otro lado del patio, un patio de curiosos que saben más de lo que deberían sobre mí mismo. No puedo hacer caso omiso de lo que trata de llamar mi atención, levantando ambos brazos y gritando desesperadamente. No puedo hacer caso omiso, porque en realidad no quiero hacerlo. Quiero escuchar; quiero saber. Quiero enterarme.

Y ahora que me he enterado, que he abierto los ojos, que he sabido, que se me han revelado las cosas ocultas, que he cruzado el horizonte... me he dado cuenta de que mi horizonte nunca termina en esa línea a lo lejos. Siempre estuvo más allá; siempre, más allá del límite, cruzando lo estático y lo estacionario, cruzando lo sedentario, llegando más allá de lo condescendiente. Ahora que sé lo que marca la diferencia entre las personas, entre algunas personas, entre esas personas, entre unos y otros, y entre alguien y alguien, puedo cuestionarme de nuevo el oscuro pasado, el supuesto presente y el incierto futuro.
De nada tengo certeza, excepto de que soy más sabio hoy que ayer.

Lo que somos es lo que hacemos con lo que sabemos durante el tiempo que tenemos. Que cada quien haga de sí lo que guste. Somos libres. Que así sea.




Dark Söul
May 17

Emo.

Considerados una plaga; gente sin decoro que se desliza por entre los recovecos y grietas de nuestra sociedad, clamando por una limosna de atención; tratando de ser vistos; gritando a voz en cuello que tienen que ser escuchados.
Se cubren el rostro a la mitad con un fleco largo de cabello negro o teñido de colores rojos, negros o púrpuras. Como si quisieran esconder algo, o incluso a ellos mismos. Sus ropas delatan su falta de buen gusto; esas mezclas de negro y rosa, con calaveritas blancas o rosas, con cuadritos y bandas de negro y blanco, degenerando el punk en el más absurdo y ridículo burtoniano contemporáneo que caracteriza a las "niñas malas" de hoy en día.

¿Están seguros?

Cuidado.
¿Quién, me pregunto yo... quién, o quiénes, se creen que son, para juzgarlos por su apariencia?
¡Y peor aún!
¿Quién les ha dicho que ustedes tienen el poder y el derecho de juzgarlos por su forma de pensar? ¿Quién les ha dado semejante privilegio?
¿Ha sido la justicia, escrita por los hombres y grabada en papel viejo? ¿Fue la sociedad, corrupta y deshonesta? ¿Fue dios, el justiciero y vengativo?
¿Quién les ha dicho a ustedes, "personas", que son mejores?

Cuando vino Iron Maiden a Monterrey, México, a seis u ocho "emos" se les ocurrió, tentando a su suerte y retando al destino, pasar cerca de una de las banquetas en donde los "metaleros" esperaban a entrar al concierto de su bandita de heavy metal. A una voz, todos los "rockeritos" comenzaron a gritar, mientras los señalaban con el dedo:

¡EMOS! ¡EMOS! ¡EMOS! ¡EMOS! ¡EMOS!

... ¿Y eso qué fue? ¿Qué tan lejos estamos, haciendo conciencia, de escuchar no otra cosa, sino el eco de las juventudes hitlerianas o las juventudes nazis, gritando "¡Jewishes, Jewishes, Jewishes!" (¡judíos, judíos, judíos!) mientras familias enteras, padres, madres, abuelas, abuelos, hijos, nietos, hermanos y hermanas, eran llevados, amarrados como animales, a Auschwitz, o a cualquier otro campo de concentración de la vieja y rígida Alemania del 44?
¿Y qué, si son emos? ¿Y qué, sin son blackmetaleros? ¿Y qué, si son heavymetaleros? ¿Y qué, si somos diferentes?

¿Ya se les olvidó, "seres pensantes", de cuando nosotros mismos éramos juzgados, criticados, discriminados, por nuestras ideas, por nuestras ropas, por nuestra forma de pensar, por nuestra forma de expresarnos, por nuestra forma de ver al mundo?
¿Ya se les olvidó de cuando nosotros mismos éramos castigados por desear primero, pedir luego y exigir después un mundo mejor, con oportunidades para vivir, para poder decir lo que pensábamos sin miedo a la represión?
¿Ya se les olvidó cuando a nosotros, los niños, jóvenes y adultos de todo tiempo y lugar, luchamos para conseguir un espacio en donde nuestra voz valiera y en donde pudiéramos decir "no estoy de acuerdo y tengo una idea", temiendo ser encarcelados, o nuestras familias amenazadas, sólo por quitarnos la venda de los ojos y mostrar a los demás lo que estaba mal?

¿En qué momento, ustedes, los "libres pensadores", se volvieron parte del sistema? ¿En qué momento le dieron la mano a la opresión?
¿En qué momento se volvieron, ustedes mismos, el enemigo?

¿Y qué si son emos, o poperos, o rockeros, o raperos, o reggaetoneros? ¿Y qué si usan el cabello largo en flecos, corto, de puntas, degrafilado, en capaz, con mullet, rubio, castaño, negro o como se les antoje?

¿En dónde dejaron aquellos ideales de la expresión libre y el derecho a opinar? ¿O es sólo por querer ser "malos"? ¿Porque esa es la imagen del blackmetalero que les han vendido tipos como Vag Vikernes, Euronymus y demás pseudoguerreros de las antiguas tradiciones y culturas nórdicas y vikingas y demás? Personas intolerantes que asesinan y queman iglesias, sólo porque no son las de su propia fe o ideología. Como si cualquiera pudiese presumir de ser "la religión verdadera". Porque, hasta donde yo sé, tampoco sería bien visto que una secta de religiosos se dedicaran a cazar a todas las personas vestidas de negro y con cabello largo, sólo porque no profesan la misma religión que ellos. Porque así ha sido durante siglos y siglos, desde incluso antes que la Inquisición. Porque así lo han hecho los pueblos invasores que llegan a someter a aquellos que no tienen realmente cómo defenderse, no sólo de las armas, sino de los credos, de las jerarquías, de las ideas. Porque no pueden comprar ideas nuevas, porque simplemente respetan aquello en lo que creen, porque así ha sido heredado por sus padres, y los padres de sus padres, y así durante generaciones.
Porque así fue cuando los pueblos europeos "conquistaron" América y "colonizaron" a las tierras de indios (incluso si ellos no lo necesitaban), porque los indios, ignorantes, paganos y malignos, no profesaban la misma religión cristiana, y ese error imperdonable se sigue cobrando con cuotas de sangre, deshonor y humillación. Porque es deber de los pueblos civilizados compartir el progreso de sus ciencias y descubrimientos, su medicina y sus técnicas, sus conocimientos sobre la cultura y el crecimiento de la sociedad para volverse cada vez mejor. Pero nunca se dijo nada de imponer, someter, dominar y condenar. Porque ningún pueblo se considera inferior a otro, y porque aquellos que se creen superiores creen que hacen el bien exterminando a los distintos, o "ayudándolos" con limosnas ofensivas e indecorosas, dinero sucio, medicinas baratas, tecnología deficiente, porque compartir el progreso no reditúa y no es tan económicamente ventajoso.
Porque todos aquellos que se creen superiores, se creen envestidos con la autoridad y el poder para determinar qué está bien y qué está mal; y porque siempre, aquello que está mal, resulta ser simplemente lo que sea distinto a ellos.

¿Quién les ha dicho a ustedes, "seres superiores", que pueden decidir el destino del pensamiento de los hombres y mujeres libres?
¿Quién les ha puesto categorías y clasificaciones a ustedes, así como ustedes se las ponen a todos aquellos que visten y piensan distinto?
¿Quién puede determinar "tú eres Dark, tú eres Goth, tú eres Black, tú eres Emo, tú eres Punk" con la mano en la cintura, libre de culpa, con la frente en alto y los ojos al cielo, sin tener que bajar después el orgullo y decir "sí, yo soy distinto, yo sí soy especial, porque yo no juzgo a las personas por ser distintas a mí"?

¿Y quién sino nosotros, la gente libre, puede exigir libertad cuando habiéndola conocido y habiendo pagado precios cada vez más altos por ella, no podemos sino desear nada inferior a la libertad y a sus vastos valles y colinas?
Pero no cualquier tipo de libertad, no. No una libertad barata, no una libertad absoluta, porque eso es anarquía, y la anarquía sólo llevará, eventualmente, al desconocimiento del orden natural de las cosas, de la causa y el efecto, de los actos y las consecuencias, y terminará en eliminar las cargas morales, éticas y cívicas que nos hacen seres humanos, y terminará por destruir la responsabilidad que cada uno ostenta por aquellos actos que uno comete, con o sin conciencia de ello.
No.
Ya bastantes excesos se han tomado, malinterpretando el concepto de "libertad", y suponiendo con ello que uno es libre de actuar y pensar como a uno le plazca. Sí, ya sé lo que están pensando, algunos de ustedes. "Qué cómodo, primero escribe y habla sobre libertad de expresión para luego retractarse o contradecirse, diciendo que no podemos pensar y hacer lo que nos plazca". No... qué cómodos, ustedes. Qué comodos, que malinterpretando esos conceptos, gloriosos, sagrados y firmados con sangre de nuestra propia raza humana, comentan ilícitos, crímenes y transgresiones contra la misma raza humana, de la cual se supone que todos somos parte.
Qué cómodos, que bajo esos sagrados conceptos, perpetuen los más horrorosos actos contra el hermano, la madre, el hijo, el vecino, el compañero, sólo porque pensamos que esos conceptos nos garantizan plena libertad de acción y palabra.
Sí, nos la garantizan, porque son garantías individuales infraccionables e incuestionables, a las que todos tenemos derecho por el simple hecho de haber nacido libres, en un mundo libre, como seres humanos pensantes, con uso de razón y de un lenguaje articulado, con sentido común y conciencia de nuestros actos y de nuestra propia existencia.
Sí... nos garantizan nuestra libertad de palabra y acción, y pensamiento, e ideologías... pero no podemos pasar por alto que todos tenemos derecho a las mismas libertades, y que nuestra libertad termina en donde comienza la libertad de los demás. ¿O qué? ¿Hay algo que me haga distinto, que me de más libertades que al otro, o que haga distinto al otro para que tenga una libertad mucho más pequeña? ¿Cuántos metros mide una libertad, entonces? ¿Dónde puedo comprar más libertad? ¿Cuánto dinero me cuesta un área más grande de libertad, para poder hacer en mi pequeño espacio lo que me plazca sin temor a que se me censure o se me juzgue por lo que digo, hago o pienso?

No es así...
No es de ese modo como se ganan las libertades, y mucho menos, de ese modo como se efectúan y se aplican los derechos.
No se confundan.
Las personas son libres de pensar y decir lo que piensan, y de expresarse de la forma en que mejor les parezca. Sí, algunos se sentirán contrariados por las ideas de los demás. Pero así somos todos, porque somos distintos, porque eso es lo que le da sal y sabor a la vida
¿De qué serviría un mundo de gente homogénea, en donde todos pensáramos iguales?
"Habría paz", dirán algunos. "Habría menos diferencias", dirán otros.
Sí, habría una paz relativa, y habrían menos diferencias. ¿Pero cuál es el mérito? ¿Qué sería de nosotros, si somos privados de las oportunidades de ser mejores personas, ejercitando nuestras facultades de respetar y tolerar a los demás por ser distintos a uno?
¿Qué quedaría de la raza humana, sino un conjunto de carne y huesos sin ideas propias, sin creatividad o pensamiento, sin personalidad?
Sí, habría una paz relativa, y habrían menos diferencias... es posible.
¿Pero cuánto tiempo pasaría antes de que nosotros, los seres humanos, seres inquietos por naturaleza, seres creativos, seres ingeniosos, quisiéramos innovar, ser mejores, cambiar las cosas, ser distintos y sobresalir por entre todos los demás?
Porque no todo es bello en el ser humano, no. Somos mezquinos, y somos vanidosos, y somos envidiosos. Y quieremos ser siempre los primeros, y siempre los mejores, y siempre yo, yo, yo, y al final los demás, si es que queda tiempo para los demás después de dedicarme a mí.
Así somos los humanos, y reto a cualquiera a decir que la raza humana no ha conquistado, o envidiado, o sometido. Sólo observen en dónde estamos; vivimos en cómodas urbes, edificios y civilización en donde antes ya había vida; plantas y animales, dueñas de estos lugares por derecho propio, porque aquí nacieron, y aquí vivían antes de que llegara el más terrible monstruo, el parásito por excelencia, el tirano, el dictador natural, el destructor ser humano.

¿Por qué no, simplemente, los dejan profesar sus ideas y ya?
Escuchar sus ideas no signfica que las aceptemos, e incluso si las aceptamos, no significa que vayamos a cambiar por ellas.
Podemos seguir oyendo nuestra música, escribiendo lo que escribimos, gozando de nuestros espacios armónicamente, sabiendo que vamos por buen camino, y que estamos guiando a la raza humana a un mejor destino, lejos de la barbarie y la violencia que eventualmente nos llevará a nuestra propia extinción.
¿Por qué no les damos un espacio? ¿Por qué no aprendemos a escuchar, en vez de sólo ser escuchados?

¿Cuántas personas más tienen que morir, apedreadas a la vista del público a plena luz del día, para convencer a los demás de que nuestras ideas son correctas? ¿Por qué no tendríamos nosotros también la posibilidad de equivocarnos? ¿Somos perfectos, acaso? Porque si somos perfectos, ¿por qué las personas se siguen horrorizando de estos actos de "perfección" de las que tanto alardean, y celebran y publican por todos lados? ¿Por qué siguen siendo criticadas estas escenas, sin son tan buenas y correctas como dicen?

Una persona que es golpeada en la calle por su forma de peinarse y su forma de vestir, no es una visión de lo que quisiéramos que fuera nuestro mundo perfecto. Tampoco un grupo de personas vistiendo de negro con rosa, siendo criticados y juzgados por ello, frente a una multitud de "valientes" jóvenes con libertad de expresión, y digo "valientes" entre comillas, porque siempre se podrá ser muy valientes siendo cuatrocientos contra ocho, siendo 12 contra uno, armados con rocas contra una chica indefensa, como acaba de suceder hace unos días y que alguien propagó triunfalmente como el asesinato de una chica emo, siendo en realidad una chica musulmana, enamorada, que decidió arriesgar su vida por aquello que consideraba correcto, o sano, o justo, o por lo que pensó que podría haberla hecho felíz.
Pero les aseguro que en sus planes para el futuro no se encontraba la idea de ser apedreada en la calle, y terminar con un bloque de hormigón triturándole el cráneo mientras su sangre, sangre inocente, corría por la tierra, sólo porque ella quiso cambiar de religión para poder estar con el hombre a quien quería dedicarle su vida.
No, no fue una chica emo. Pero tampoco fue una chica ordinaria. Fue una chica martirizada y asesinada por tener la intención de luchar contra la represión de su propio pueblo, y por querer ser felíz a pesar de las ideas religiosas y el fanatismo de su propia gente.

No les impongamos a los demás nuestra forma de pensar.
Si los emos están tristes, si se cortan las venas para sentir la vida, si se peinan de lado para cubrirse la cara, está bien.
Allá ellos.
Si los blackmetaleros se visten de negro y tienen el cabello largo para parecer más malos, usando pulseras con picos de metal y botas de cuero, está bien.
Allá ellos.
Si los punks se peinan con estilos tomahawk, rapándose ambos lados de la cabeza, y quieren escuchar música subversiva de ritmos agresivos u ofensivos...
Está bien.
Allá ellos.

Si nosotros no estamos de acuerdo con eso, o no vemos bien que lo hagan, está bien. Somos nosotros, y es nuestro problema.
Si seguimos juzgando a la gente por ser blancos, afroamericanos, castaños, rubios, morenos, lacios, rizados, de ojos grandes, de ojos rasgados, metaleros, poperos, reggaetoneros, católicos, protestantes, testigos de Jehová, ateos, mormones, de uno u otro partido político, de uno u otro equipo de futbol, heterosexuales, bisexuales, homosexuales, lesbianas, activistas, pacifistas, ecologistas, carnívoros, vegetarianos o lo que sea...

.. entonces no queda nada de nosotros que nos identifique como humanos.
Y si estamos dispuestos a criticar, estaremos dispuestos a ser criticados, y a soportar el peso de las palabras de aquellos a los que hemos mancillado, humillado y hecho menos por su forma de existir. Porque no haremos a nadie lo que no queramos que nos hagan.
Porque los más grandes hombres de este mundo y de esta raza nos han tratado de enseñar, y no por la fuerza, sino compartiendo sus ideas y abriendo sus corazones al mundo.
Como Voltaire, que dijo "podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero hasta con mi vida, defendería el derecho que tienes de decir lo que piensas".
O como Luther King, que confesó soñar "con un mundo en donde mis hijos puedan ir a la escuela sin ser juzgados por el color de su piel".
O como un humilde pastor, que se atrevió a revelar la fórmula de la existencia en paz y armonía:
"Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz".

Dejémoslos ser. Déjennos ser. Dejémonos ser. Vivamos libres, pero seamos justos y démosle a los demás su propia libertad para vivir sus vidas como mejor les parezca. No somos nadie para decidir por los demás, o para juzgar sus ideas, o para corregir sus pensamientos. Ellos aprenderán como nosotros hemos aprendido, y seguiremos aprendiendo.
Somos seres humanos.

En aras de nuestra historia, de nuestra memoria y de nuestro propio futuro, démosle un buen nombre a nuestra raza.
Ganémonos una buena reputación; trascendamos como algo por lo que valdría la pena luchar.
Démonos valor, y simplemente... seamos humanos.

Nosotros, la raza humana, lo merecemos.
Todos lo merecemos.




J. Miguel Gutiérrez
Dark Söul D' Fenrir

Mayo 17, 2008.





March 04

Escriba Aquí su Comentario Exótico.

 
 
 
¿A ver?
 
 
Esos despliegues de extravagancia y creatividad.
 
 
 
 
 
 
February 14

Maldito día.

 
Acaba de pasar otro de "esos" días.
Esperaba que existiese, de algún modo, algo que me hiciese pensar que hoy algo sería distinto, o inusual, o...
... bueno...
... algo que valiera la pena. Ya saben, para quitarle la maldición a un día ya muy maldito.
Pero no, y ciertamente, fue enteramente al revés.
Oh sí; no sólo no tuvo cosas buenas, sino que se puso más amargo.
 
-_-
 
Este día se confirma, este año, como un mal día.
¡Rayos!
Eso me pasa por esperar cosas buenas.
Bien. Me lo merezco.
 
Ya estuvo bien.
Algunas cosas tendrán que cambiar.  ¬¬
 
 
Dark Söul
 
February 11

Evolución de la Gesta de Evëlfhÿn

Usualmente, cuando comienzo a escribir una nueva entrada bajo la categoría de "Cuentos Söulísticos", la comienzo a escribir con una idea ya formada, y sólo voy guardando el borrador hasta que decido que la entrada ya está lista, de modo que todos puedan acceder a un trabajo corregido, depurado y, si es necesario, aumentado (o acortado, según se requiera).
La razón de ello es que no me gusta mostrar obras inconclusas, a menos que yo decida que una obra está concluída tal y como se encuentra, incluso si la historia pareciera continuar dada la naturaleza de su narrativa, o bien, incluso si parece que la historia es en realidad la secuela de una historia previa que no se podrá encontrar en el Blog Bipolar porque, de hecho, no existe.
Como ejemplo de ello, he escrito "La Guerra de los Talismanes", cuyo único capítulo está pensado desde su génesis como inicio y fin, aunque la historia toma inicio en un momento en que la narrativa se encuentra ya bastante avanzada, y del mismo modo, termina en un punto sin una conclusión real al nudo presentado durante la misma; es decir, no existe un desenlace real a la aventura que transcurre durante el episodio.
 
Decidí hacer un experimento.
 
En vez de escribir "La Gesta de Evëlfhÿn" pensándola como una historia que inicie, quede en suspenso, inicie un segundo episodio, quede en suspenso y culmine en un tercer episodio, decidí escribir comenzando desde, obviamente, el inicio de la gesta. Pero, nada de borradores.
Lo que intento hacer a continuación, es escribir y dar fe de los avances de esta historia, sin tapujos ni sorpresas; los llevaré de la mano, paso a paso, durante la construcción de la misma, a la que tengo intención de finalizar en esta misma entrada.
¿Cómo?
En vez de ir guardando el borrador conforme avance en la narración, iré publicando la entrada y modificándola conforme cree la historia. Ergo, no tendrán que esperar por nuevas entradas que completen La Gesta de Evëlhÿn; en vez de ello, sólo tendrán que ir leyendo esta misma entrada, buscando por cambios o avances en la misma. Eso significa que esta entrada, corta en un comienzo, se irá alargando, y alargando, hasta que la Gesta culmine tal y como debe terminar; en un final decoroso. Eso no implica felíz o satisfactorio, desde luego... pero será un final concreto. Sin secuelas ni precuelas.
 
Como lo menciono hace 12 renglones, es un experimento; nunca había intentado algo así, y me da gusto atreverme a ello. Entiendo que no todos seguirán afanosamente el curso de la historia, e incluso si alguien lo hace, no todos se sentirán satisfechos o complacidos con el desarrollo de la misma. Pero así es esto; sin duda espero complacer a tantos como sea posible, pero definitivamente a quien más espero dejar satisfecho, es a mí.
Sólo así me garantizo, a mí mismo, la calidad que espero de esta historia.
 
Sean bienvenidos a mi experimento, y al nuevo escrito:
 
"La Gesta de Evëlfhÿn".
 
Que lo disfruten.
 

 
Agem, el benevolente pero indeciso rey de Mÿlladriel, se frotaba las manos lentamente, en círculos, mientras esperaba noticias de sus mensajeros en Druilën.
La guerra ocurría allá, en las planicies, lejos de su reino, pero aún así el miedo le robaba el descanso de las noches y el apetito de las mañanas.
- Si tan solo ese infelíz se muriera de una buena vez - musitó para sus adentro, cediendo a la frustración y a la impotencia.
En eso, las puertas del salón principal se abrieron de par en par.
- ¡Mi señor! - gritó un mensajero. - Tengo noticias de Druilën.
- ¿Y bien? ¿Qué esperas para hablar?
- Pero, mi señor... no puedo decirlas tal cual son. Viene un caballero ahora mismo para hablar con usted, mi señor. Es un alto caballero; ya debe estar a galope dentro del límite de la segunda muralla.
- ¿Y qué insignias trae? ¿Cuál es su escudo de armas?
- Es una marca roja sobre un blasón negro, mi señor.
- ¿Marca roja sobre un blasón negro? - preguntó, nervioso, Agem.
- Me parece que es un ciervo.
- ¿Un ciervo? Y dime... ¿es su armadura negra con una crin lustrosa, larga, y este caballero porta una lanza de por lo menos tres metros de largo?
- Así es, mi señor.
- Damethan - musitó Agem, entre dientes.
 
Damethan galopó sobre el camino empedrado desde la tercera muralla hasta el primer ático. Se desmontó de su corcel y avanzó sin miramientos, dejando atrás los murmullos y las miradas incrédulas de los curiosos. El peso de su armadura, aunado al peso de su voluminoso escudo y su espada, hacían sonar sus pasos como un cascabel majestuoso, un sonido que, en su presencia, estaba comúnmente asociado a la paz y a la seguridad.
 
- ¿Qué asuntos lo traen al castillo, caballero negro? - preguntó el portero.
- Guerra. Abre la puerta.
- Deberás dejar tus armas, caballero negro, la guerra se deja detrás de las murallas. No sonarán dentro de las salas del castillo los blandires de hojas y choques de escudos.
Gëoforn, El portero era un hombre humilde, pero eso no lo hacía menos respetado que cualquier guardia del palacio. Era un hombre alto, fornido, de cabellos plateados ya, pero de mirada y porte serios s imponentes. No obstante su tosca y ruda figura, era un hombre pacífico y añoraba los tiempos de paz más que a otra cosa.
- No te preocupes. En cuanto hable con tu rey lo que tengo que hablar, no deberás temer más a esta guerra.
- Aún así - insistió Gëoforn - tus armas no entrarán a la sala.
- Que así sea.
Damethan dejó los cintos y las alforjas sobre una rústica mesa de madera. Se dejó revisar dócilmente, entregó hasta la pequeña daga que traía oculta en la crin de su yelmo, incluso cuando Gëoforn no se había percatado de ella.
- No es de tí de quien el rey esperaba noticias, Damethan.
- Lo sé; sin embargo, las noticias que yo le traigo son tan buenas como las que otro caballero pudiera darle.
 
Después de atravesar algunas salas y pasillos, adornadas sencillamente, Damethan llegó hasta el salón del trono. Sin prisa, se postró ante Agem con una reverencia casi forzada.
- Levántate, Damethan - balbuceó Agem, viéndolo con hastío. - El mensajero no ha querido darme tus noticias.
Damethan le devolvió la mirada.
- Dime al fin... ¿traes buenas noticias, o eres un cuervo, un ave de mal agüero, trayendo peste y desgracia a mis murallas? Habla ahora, y escupe tu veneno, caballero negro.
- No te quitaré mucho tiempo, soberbio rey. Sé que proteges a tu pueblo y sé que incluso pelearías por ellos. - Damethan lo vio, alzando el entrecejo.
- No dudes en que tu sangre sería la primera en derramarse bajo mi propia espada, Damethan; si de mí dependiera, te expulsaría de estas tierras para siempre.
- Pero no depende de tí, Agem.
- Habla de una vez. Mi cortesía real no exige que tenga que tolerar tu inmunda presencia en esta sala, contaminando el aire que respiro.
- Ésto - dijo Damethan, lanzándole una alforja a las manos - es un regalo de las planicies.
- ¿Qué es esto? - preguntó Agem, atrapando la alforja con ambas manos y abriéndola.
- Considéralo un trofeo de guerra.
Agem extrajo un pequeño paño cuidadosamente doblado de la alforja. Lo desdobló sobre su regazo.
 
- ¿Un amuleto?
- Así es.
Agem se quedó viendo al objeto de extraña forma. Lo levantó ante sí, desconfiado.
- Me parece familiar...
Con curiosidad, pasó uno de sus dedos sobre su superficie. Era liso, y estaba frío. Lo estudió con más atención.
 
Parecía una especie de coraza, doblada sobre su propio centro. Tenía formas puntiagudas saliendo de su superficie, y desde ciertos ángulos, parecía una corona de forma caprichosa sobre una punta metálica articulada. Tenía remaches a los costados y una sección era de metal liso, y la siguiente, de metal con bordes y texturas como la de una columna vertebral con sus respectivas costillas. Los remaches parecían unir las piezas como si se trataran de articulaciones. Agem podía ver su propio reflejo sobre la corona y la superficies lisas, perfectamente pulidas.
 
- Qué curioso objeto - dijo Agem, con la mirada perdida sobre el supuesto amuleto.
De pronto, para su sorpresa, el amuleto tembló y sus articulaciones ocmenzaron a desdoblarse.
- ¿Qué es... ?
 
El amuleto se arqueó sobre su propio eje, abriéndose y exponiendo sus puntas metálicas en una nueva línea recta que dejaba ver tres argollas inferiores, de las cuales salían los remaches que antes parecían las uniones de las articulaciones. Ahora, era un objeto alargado, como si se tratase de una espiral que se hubiese desenrrollado plenamente, de forma cónica, con una larga punta metálica con coronas y puntas rígidas y una coraza superior con forma ósea.
 
- Ésto no es un amuleto. - dijo Agem.
- No. No lo es. - respondió tranquilamente Damethan.
- Es un anillo. - Damethan lo vio, asintiendo ligeramente con la cabeza.
- Éste, es el anillo de Rot-Raven.
- Sí - confirmó Damethan, incorporándose y aclarándose la garganta, mientras daba pasos lentos hacia el rey, sin dejar de verlo a los ojos.
... Es el anillo de Rot-Raven.
 
Agem miró al anillo, sobre la palma de su mano. Lo miró con los ojos muy abiertos, y una expresión de sorpresa e incredulidad nunca antes vistas en su demacrado rostro.
 
- Rot-Raven nunca se quitaría el anillo. Rot-Raven nunca cedería...
- A menos que el anillo le fuese arrancado de sus manos muertas y frías - concluyó Damethan. Su voz parecía no manifestar ningún tipo de expresión.
- ¿Rot-Raven ha muerto? ¿El enemigo de los pueblos libres de la Cordillera Sur?
- Rot-Raven no sólo ha muerto - dijo Damethan, alzando la vista, que se perdía más allá de los ventanales. - Fue derrotado. Subyugado en su propio territorio.
Bajó un momento la vista, para luego volver a ver a Agem.
- Rot-Raven ha sido vencido por la mano y la espada de Evëlfhÿn.
 
Agem alzó la cara, despegando por primera vez los ojos del anillo, desde que éste llegó a sus manos.
 
 
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***  \ \  arriv bkwf hll
 
 
 
 
 
Texto e idea original de:
Dark Söul D' Fenrir
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